Al leer el libro " ¿De quien es el Tiempo? el autor Matias Rovira nos plantea el desafío de asumir un cambio de lenguaje con respecto a las terminologías utilizadas desde el derecho penal al denominar el abuso sexual infantil.El lenguaje es una herramienta fundamental para cualquier lucha. Las formas en que nombramos las problemáticas sociales pueden influir en cómo los entendemos y en cómo se organizan las relaciones de poder en la sociedad. La utilización del termino abuso sexual infantil no nos permite comprender y visualizar esta problemática, tenemos una pandemia silenciosa que violenta a nuestra sociedad desde adentro.
El autor nos propone emplear una formulación mas amplia como es "VIOLENCIA SEXUAL", nos dice "Al incluir el término violencia, se resalta la gravedad y el impacto de estas acciones, reconociendo que existen una variedad de formas de violentar sexualmente en la niñeces"
Esta adecuación en la terminología surge del reconocimiento de que el término abuso hace referencia al “uso inadecuado o excesivo de una cosa en perjuicio propio o ajeno, por ejemplo, abusar de la bebida. Utilizar el mismo término tanto para describir y definir la relación con los bienes materiales o las sustancias que se consumen, como para referirse al vínculo que se establece con otro ser humano al que se somete en condiciones de asimetría de poder, puede resultar problemático, minimiza la gravedad de la violencia infligida y revictimiza a la persona (Bentolila, 2021)
Eva Giberti nos abre el entendimiento al explicar porque el cambio de la palabra infantil "la palabra infantil deja afuera a los responsables del abuso, que son los adultos. De lo que tenemos que hablar es de niños y niñas víctimas o bien de niños y niñas que han sido abusados. Porque de ese modo queda claro que los chicos son víctimas y que el abuso no es infantil. Porque si no, la palabra infantil califica al abuso (…). Es una de las tantas trampas que provocan los adultos para sacarse de encima la responsabilidad. Porque al plantearlo de ese modo queda el chico como abusado, pero no aparece la figura del adulto. Y, al mismo tiempo, parecería que los chicos y chicas estuvieran comprometidos con ese abuso. Entonces es un gravísimo error que encierra al mismo tiempo una trampa ética. Es la falta de ética de los adultos que, al usar esa expresión, intentan quedarse afuera de su responsabilidad"
Es importante renombrar infantil o infancias por niñeces o niños, niñas y adolescentes ya que se reconoce la diversidad de experiencias y situaciones que pueden involucrar a personas de hasta 17 años, respetando la multiplicidad de existencias.
El autor nos expresa que la evolución en la forma de nombrar la problemática pretende reflejar una mayor conciencia sobre la complejidad y diversidad de las violencias sexuales, buscando promover un enfoque más integral para la problematización de estas situacion.
Espero que la nota nos sirva para poder conversar con quien tenemos al lado e incorporar el nuevo lenguaje para combatir esta pandemia que ataca a nuestro niñas. niños y adolescentes.
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